rodeado de hojas,
mecidas al viento,
la dulce brisa,
acariciando los pómulos,
esperando una cara conocida,
sientes la fragancia del hogar,
por el mismo camino,
recorrido tiempo atrás,
los angostos andares,
entre las rocas,
abriendo paso,
movido por la esperanza,
de volver a ver,
su casa oculta sutilmente,
entre esta abrupta población,
de repente y tras la curva,
aparece tu bloque en la distancia,
pero hoy no es tu hogar mi destino,
se cambiaron las tornas una vez mas,
que gracia tiene jugar,
contra alguien anclado en la comodidad,
que solo sabe jugar una variedad,
el aburrimiento va remplazando,
los sentimientos que un día despertó,
sentado en la misma posición,
en la que andare tiempo atrás,
ya no le veo emoción,
quizás deje de jugar,
con alguien tan mezquino,
que no sabe valorar,
que las mejores ganancias,
pueden mañana volar,
quien sabe cuando retornar,
poco a poco ves el tiempo pasar,
somos carne y hueso,
poco mas que dejar,
sentados en la misma postura,
dejamos el tiempo pasar,
repitiendo día a día,
mañana algo va a cambiar,
conformistas de nuestra propia realidad,
pero sabes que sigo aquí,
soy la misma piedra que mañana no estará,
mientras sigues sentado en tu sofá,
miras lejos de aquí,
anclado a esta soledad,
buscando desesperado algo que jamás existirá,
reconfortado por los sueños de la infancia,
con miedo a descubrir que hay mas allá,
de las seguras paredes de tu hogar,
dejas atrás un mundo lleno por explorar,
mientras tantas otras vidas se van,
las nostalgia poco a poco desaparece,
como si del sobrante,
arrinconado para desechar,
poco a poco la ciudad deja el verde,
para sumergirse en el desnudo,
y el marrón otoñal,
donde la brisa que antaño,
refrescase tus mejillas,
cruel y decidido homicida,
decidido hoy a terminar,
con los rastros de vida al pasar,
sin abrigo alguno capaz,
de mitigar los efectos del avance,
implacable ejecutor,
ángel anunciante,
del invierno que avanza sin remedio,
nuevo señor del lugar,
sin pretensiones a la retirada,
en los meses venideros,
donde todos recordarán,
la amarga realidad de la vida,
que en verano suelen obviar,
la estela de un recuerdo lejano,
forma caminos al sucesor,
cuando la locura recorre los sentidos,
con los ojos cerrados,
y las manos en el corazón.
- By Lladruc -
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