en la tranquila soledad,
proporcionada por la noche,
caen lágrimas a mi alrededor,
el canto de los pájaros vigilantes,
amortiguado por el suave clamor,
de miles de gotas estrelladas,
en el frío y duro pavimento,
como retales de ira contenida,
obedientes a mi voluntad,
se ciernen furiosas,
en libre precipitación,
temerosas de su dueño,
su señor.
Ahora en calma y sin vigía,
sin los cantos de los pájaros al escuchar,
las almas de aquellos que dormitan,
al fin pueden reposar,
sin gloria ni pena,
del oscuro aguacero y del lord,
observando su mente,
al país de esos sueños,
sueños, que jamás regresarán...
domingo, 17 de marzo de 2013
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